León. Daniel Leandro
Estoy muy agradecido
a todos los que han participado en la serie como actores pero a
Daniel es a quien más le debo. Creo que sin él no hubiera sido
capaz de terminar “Cena en el taller de artesanía”. En un rodaje
surgen montones de problemas y no es difícil acabar tirando la
toalla. Varias veces tuve el deseo de abandonar. De haber tenido un
protagonista menos sacrificado y colaborador que Daniel quizá lo
hubiera hecho. Afortunadamente, él me lo puso muy fácil. Nunca
pidió nada ni se quejó de nada, y eso que en principio su papel iba
a ser, aproximadamente, un tercio del que finalmente tuvo. El motivo
de esta diferencia entre el plan inicial y el final fue que tuve que
escribir cuatro guiones.
En el primer guion
me centré en la trama y en las localizaciones pero no presté
demasiada atención al número de personajes. Sabía que había
personas con las que podía contar de forma incondicional (Fran,
Alicia, Rogelio y unos cuantos más) y pensé que no me resultaría
difícil conseguir más si era necesario. Resultó que fue imposible
completar el plantel. Eso me obligó a reescribir el guion, pero en
este caso ya sabía, más o menos, con quiénes contaba. En ese
segundo guion Aguayo tenía dos ayudantes: León y Noel. El nombre de
León no es casual. Era un complemento al de Noel. La persona que iba
a hacer de Noel tiene cierto parecido físico con Daniel y eso me
daba mucho juego. En los interrogatorios los personajes los
confundían y se producían malentendidos. Además, las entrevistas
conjuntas de Noel y León a Otilia, Sandra, etc. tenían diálogos
más agudos y permitían comentarios posteriores entre ellos que
enriquecían la trama. Pero como ya se puede imaginar el lector,
surgió un problema: el que iba a hacer de Noel se desmarcó del
proyecto. De pronto tenía otro guion “inservible”, con el drama
añadido de que ya habíamos grabado todas las escenas del taller y
de la casa de Alejandro. Es decir, habíamos hecho un montón de
trabajo que podía quedarse en nada. En el calendario que me había
establecido tenía previsto empezar a grabar en el despacho de Aguayo
a partir del 1 de septiembre y fue a finales de agosto cuando supe
que Noel se desmarcaba. Rápidamente nos pusimos a buscar un
sustituto. Necesitábamos un varón de veinticinco a treinta y cinco
años. Todos los implicados en el proyecto hablamos con familiares,
amigos, conocidos y desconocidos para ver si encontrábamos a alguno
dispuesto pero no se dio el caso. Hubo gente que mostró interés
pero cuando le decíamos que tenía que grabar ochenta horas a cambio
de nada renunciaban. La cosa pintaba mal pero gracias a Daniel
superamos ese problema. Hablé con él y le pregunté si estaría
dispuesto a asumir la parte de Noel. Para él eso iba a requerir un
esfuerzo importante porque pasaban a duplicarse las líneas que tenía
que memorizar. Además, apenas tenía tiempo para estudiarlas ya que
empezábamos a grabar el 1 de septiembre y tuvimos esa conversación
a finales de agosto. En definitiva, que de un día para otro se
encontró con un montón de trabajo extra sobre la mesa.
Los meses de
septiembre y octubre grabamos a buen ritmo pero en noviembre
volvieron los problemas. A mi cuñada Antonia, que interpreta a
Aguayo, le surgió una circunstancia personal y ya no podía mantener
el calendario de rodaje que nos habíamos propuesto. La idea era
grabar tres o cuatro días por semana con la intención de acabar
para Navidades pero ella solo podría hacerlo un día a la semana.
Eso iba a suponer que la serie no estaría terminada hasta marzo o
abril. Lo cierto es que yo ya estaba saturado y quería quitármela
de encima. Me estaba quemando y no sabía cuánto tiempo más podría
mantener las ganas y la ilusión. Tomé una decisión drástica. Iba
a matar al personaje de Aguayo y acabar la serie como fuera. Aquí
tuve que volver a hablar con Daniel. Entendía que ya le había
pedido un esfuerzo extremo. Hay que tener en cuenta que él trabaja,
y no poco. Tiene horario de nueve de la mañana a cinco de la tarde.
Por cierto, estudió Económicas así que cuando le dice a la hija de
Aguayo que estudió LADE no hay mucha diferencia entre la realidad y
la ficción. Además, practica bastante deporte. Fue entrenador de
fútbol de tercera división y actualmente está enganchado al pádel.
En definitiva, que mucho tiempo libre no tiene y yo se lo estaba
robando. Cuando le pregunté si podría asumir parte del guion de Aguayo
me sentía un malvado. Pero una vez más, Daniel me salvó y respondió que
sí. De pronto caían sobre sus espaldas un buen montón de líneas
más. Ya no es que tuviera poco tiempo para prepararlas, es que no
tenía nada. Hay que tener en cuenta que mientras grabábamos unas
escenas yo reescribía otras. Prácticamente le entregaba el
texto uno o dos días antes de grabarlo. Muchas veces tenía que
aprendérselo diez minutos antes de empezar a filmar. Mientras yo
montaba las luces y la cámara él sacaba su móvil y estudiaba a
toda velocidad. Sinceramente, una locura. No creo que puedan
encontrarse muchas personas con su capacidad de trabajo. Más de una
vez le pregunté si aguantaría hasta el final y él siempre me
respondía que se había comprometido y que lo haría. Y así fue.
Solo por todo el
esfuerzo que hizo, Daniel tendría que estar orgulloso de sí mismo,
pero tiene más motivos para estarlo. Es todo un actor. Entendía
todo lo que le pedía a la primera y era capaz de interpretarlo. En
una escena le dije que debía sonar sincero al otro personaje pero el
espectador tenía que notar que mentía. “¿Cómo hago eso?”, me
preguntó. Yo puse cara de póquer porque no tenía ni idea de cómo
hacerlo, pero él lo logró. Es solo un ejemplo. Podría decir muchos
más, pero no quiero avergonzarlo a él ni aburrir al lector. Solo
añadiré una cosa más: ¡Gracias de todo corazón, Daniel!