Ya he comentado en
la entrada de León que, debido a circunstancias personales, Antonia,
la actriz que hacía de Aguayo, tuvo que bajar el ritmo de grabación.
Yo quería cumplir los plazos que había planificado así que decidí
eliminar el personaje de Aguayo. Eso solucionaba un problema pero
creaba otro importante. Salvo que hiciese enloquecer a León para que
hablase consigo mismo y se autoexplicara la resolución del caso no
había más remedio que hacer un nuevo fichaje para que interactuara
con él. Desde luego, mi primera opción era una chica de su edad.
Estaba seguro de que eso enriquecería el guion. Así las cosas,
tocaba buscar actriz. Mi primera opción fue Teresa, y eso que en ese
momento ni siquiera sabía su nombre. Entonces, ¿por qué pensé en
ella? Porque habíamos coincidido en una ocasión en quirófano y me
había dicho, así por encima, que le gustaba el mundo de la
farándula. Lo único que sabía de ella era que era joven y uróloga.
Afortunadamente, el mundillo quirúrgico no es muy amplio y cuando le
di su descripción a una compañera ella se imaginó quién era. “Se
llama Teresa Valls, es de Sabadell y ya es adjunta”, me dijo. Con
esos datos fue fácil localizarla. Quedé con ella, le propuse
trabajar en la serie, le envié el enlace al Episodio 1 (para
entonces ya estaba montado), le pasé lo que sería su guion (lo
escribí a toda velocidad) y le di unos días para que se lo pensara.
Cuando llegó su respuesta, esta fue negativa. Me dijo que andaba muy
ocupada y que, aunque le gustaría, no podía dedicarle tanto tiempo
a mi proyecto. Me quedé bastante chafado. Era un revés importante.
Intentamos encontrar otra chica de su edad, pero a las que se lo
propusimos no quisieron. Además, a esas alturas yo quería que fuera
ella. De algún modo había tenido la intuición de que era la
candidata ideal. Lo que pasa es que si no quería poco podíamos
hacer. Empecé a plantearme otras opciones. Una fue que un amigo
jubilado (la falta de tiempo libre de la gente se había convertido
en mi bestia negra) aficionado al teatro hiciera de padre de Aguayo.
Esta a Daniel no le hacía gracia. Otra, esta fruto de la
desesperación más absoluta, interpretar yo el papel de viudo de
Aguayo, lo que no nos hacía gracia ni a Daniel ni a mí. Estábamos
en esas cuando pasó algo que cambió el destino. Yo le había
comentado a Alicia que, en mi opinión, lo que había hecho que
Teresa no aceptara mi propuesta era que no le había gustado el
Episodio 1. Supuse que en vez de decirnos eso, para no herirnos,
había puesto por excusa la falta de tiempo. Justo unos días después
Alicia y Teresa coincidieron en quirófano. Alicia, que es muy
directa, le preguntó abiertamente si la causa de su negativa había
sido que la serie no le había gustado. La respuesta de Teresa fue la
misma que al principio. No tenía nada que ver con la calidad de la
serie, sino que era por falta de tiempo. Ahora que la conozco mejor
sé que realmente era así. Para ella la urología es lo más
importante y no la sacrificaría por nada. Se entrega a su profesión
en cuerpo y alma. Una vez que conocimos ese dato, Alicia y yo
empezamos a maquinar. “¿Y si le proponemos un cambio en el guion
para que tenga que grabar menos horas?”, pensamos. Nos pareció una
buena idea. Nos dividimos las tareas. Yo reescribiría el guion (por
enésima vez) y Alicia intentaría convencerla. Y así lo hicimos.
Cuando Alicia ya la tenía medio embaucada yo le di la puntilla
proponiéndole que grabara un día para probar. Y, claro, probó y
cayó. Como actriz es fantástica, aunque debido a su personalidad la
veo más como guionista, directora o cualquier otro proceso creativo.
Escribe poemas y le bullen las ideas en la cabeza. ¡Que se prepare
el servicio de Urología porque los veo grabando una serie al año!
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