sábado, 13 de octubre de 2018

Grabando. Localizaciones

Localizaciones

Una de las claves para que “Cena en el taller de artesanía” pudiera grabarse fue el número limitado de localizaciones. Mientras redactaba el guion fue uno de los aspectos que más cuide. De vez en cuando me entraban ganas de escribir una escena en exteriores pero rápidamente la abandonaba. Todo debía ocurrir en espacios fácilmente controlables. Al final fueron cuatro: el despacho de Vázquez, el despacho de Aguayo, la casa de Alejandro y el taller de artesanía. De ellos, el más incómodo para grabar fue el despacho de Vázquez. Afortunadamente solo pasamos una tarde en él así que no fue realmente un incordio.

   Para la casa de Alejandro habíamos pensado utilizar el piso de Rogelio pero con buen criterio lo descartamos. Había varios inconvenientes pero el que más pesó fue que está lleno de objetos. Si no hubiera existido el barroco, Rogelio lo habría inventado. Íbamos a tener dificultades para colocar las cámaras, las luces, etc. Puesto que rodar las escenas de la casa de Alejandro nos iba a llevar como mucho diez sesiones pensé en alquilar un piso un par de semanas. Suponía desembolsar algo de dinero pero a esas alturas ya habíamos grabado todo lo del taller y tenía la impresión de que el proyecto iba a salir adelante así que estaba dispuesto a hacer ese sacrificio. Andaba buscando un piso cuando Antonio Hernández, un compañero y amigo del trabajo, me ofreció el suyo gratis. Me dijo que le echara un vistazo y cuando lo hice me encantó. Tenía el salón amplio y con pocos muebles así que era ideal para nuestros propósitos. Allí nos fuimos de ocupas Rogelio y yo. Dos semanas de junio bastaron para dejar zanjado todo lo relacionado con el piso de Alejandro.

   Para el despacho de Aguayo habíamos pensado utilizar una oficina de la ONCE. Alfredo Borja hizo las gestiones para que pudiéramos usar gratis una sala de reuniones de sus oficinas. Al final no hizo falta pero quiero darle las gracias a él y a la ONCE por su disposición. El motivo por el que no fuimos allí fue que al final preferí quedarme en mi propia casa. Eso me evitaba tener que andar con la cámara todos los días de un lado al otro. Apenas tenía muebles en el salón así que los quité, puse un par de mesas: una que tenía en el cuarto de estudio y otra que me dejaron mis amigos de creaciones Tula (otro motivo más para darles las gracias); rescaté unas sillas que tenía en el trastero; compré un par de pizarras de corcho y ya tenía el despacho montado. Cierto que quedó realmente cutre (el grito de Otilia cuando lo ve por primera vez está más que justificado) pero hacía su función. La única pega que se le puede poner, aunque importante, es que la acústica es un asco. El problema de la reverberación fue insalvable y redujo la calidad final de la serie de una forma notable.

   La cuarta localización fue el taller de Creaciones Tula. La cuarta en ser citada, porque fue la primera en importancia y en orden de grabación. Allí filmé muy a gusto. Tenía muchas ventajas. Es un lugar grande, lo que nos permitió montar la cena para tanta gente. Tiene varias dependencias, lo que facilitaba un guion con movimiento de varios personajes a la vez. Las figuras aportan un plus de estética. Y otras muchas más. La más importante de ellas que mientras grababa contaba con el apoyo de Ana e Ignacio. Ellos se convirtieron en mis ayudantes de dirección, cámaras, técnicos de sonido, etc. La única pega, aunque para mí muy importante, es que es su lugar de trabajo y por lo tanto mi presencia suponía un incordio para ellos, aunque nunca se quejaron por ello. Todo lo contrario, insistieron una y otra vez en que filmara a mi ritmo y sin prisas. Estaban totalmente comprometidos en que la serie quedara bien

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