lunes, 14 de enero de 2019

¿Quién es quien? León

León. Daniel Leandro


Estoy muy agradecido a todos los que han participado en la serie como actores pero a Daniel es a quien más le debo. Creo que sin él no hubiera sido capaz de terminar “Cena en el taller de artesanía”. En un rodaje surgen montones de problemas y no es difícil acabar tirando la toalla. Varias veces tuve el deseo de abandonar. De haber tenido un protagonista menos sacrificado y colaborador que Daniel quizá lo hubiera hecho. Afortunadamente, él me lo puso muy fácil. Nunca pidió nada ni se quejó de nada, y eso que en principio su papel iba a ser, aproximadamente, un tercio del que finalmente tuvo. El motivo de esta diferencia entre el plan inicial y el final fue que tuve que escribir cuatro guiones.

     En el primer guion me centré en la trama y en las localizaciones pero no presté demasiada atención al número de personajes. Sabía que había personas con las que podía contar de forma incondicional (Fran, Alicia, Rogelio y unos cuantos más) y pensé que no me resultaría difícil conseguir más si era necesario. Resultó que fue imposible completar el plantel. Eso me obligó a reescribir el guion, pero en este caso ya sabía, más o menos, con quiénes contaba. En ese segundo guion Aguayo tenía dos ayudantes: León y Noel. El nombre de León no es casual. Era un complemento al de Noel. La persona que iba a hacer de Noel tiene cierto parecido físico con Daniel y eso me daba mucho juego. En los interrogatorios los personajes los confundían y se producían malentendidos. Además, las entrevistas conjuntas de Noel y León a Otilia, Sandra, etc. tenían diálogos más agudos y permitían comentarios posteriores entre ellos que enriquecían la trama. Pero como ya se puede imaginar el lector, surgió un problema: el que iba a hacer de Noel se desmarcó del proyecto. De pronto tenía otro guion “inservible”, con el drama añadido de que ya habíamos grabado todas las escenas del taller y de la casa de Alejandro. Es decir, habíamos hecho un montón de trabajo que podía quedarse en nada. En el calendario que me había establecido tenía previsto empezar a grabar en el despacho de Aguayo a partir del 1 de septiembre y fue a finales de agosto cuando supe que Noel se desmarcaba. Rápidamente nos pusimos a buscar un sustituto. Necesitábamos un varón de veinticinco a treinta y cinco años. Todos los implicados en el proyecto hablamos con familiares, amigos, conocidos y desconocidos para ver si encontrábamos a alguno dispuesto pero no se dio el caso. Hubo gente que mostró interés pero cuando le decíamos que tenía que grabar ochenta horas a cambio de nada renunciaban. La cosa pintaba mal pero gracias a Daniel superamos ese problema. Hablé con él y le pregunté si estaría dispuesto a asumir la parte de Noel. Para él eso iba a requerir un esfuerzo importante porque pasaban a duplicarse las líneas que tenía que memorizar. Además, apenas tenía tiempo para estudiarlas ya que empezábamos a grabar el 1 de septiembre y tuvimos esa conversación a finales de agosto. En definitiva, que de un día para otro se encontró con un montón de trabajo extra sobre la mesa.



     Los meses de septiembre y octubre grabamos a buen ritmo pero en noviembre volvieron los problemas. A mi cuñada Antonia, que interpreta a Aguayo, le surgió una circunstancia personal y ya no podía mantener el calendario de rodaje que nos habíamos propuesto. La idea era grabar tres o cuatro días por semana con la intención de acabar para Navidades pero ella solo podría hacerlo un día a la semana. Eso iba a suponer que la serie no estaría terminada hasta marzo o abril. Lo cierto es que yo ya estaba saturado y quería quitármela de encima. Me estaba quemando y no sabía cuánto tiempo más podría mantener las ganas y la ilusión. Tomé una decisión drástica. Iba a matar al personaje de Aguayo y acabar la serie como fuera. Aquí tuve que volver a hablar con Daniel. Entendía que ya le había pedido un esfuerzo extremo. Hay que tener en cuenta que él trabaja, y no poco. Tiene horario de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Por cierto, estudió Económicas así que cuando le dice a la hija de Aguayo que estudió LADE no hay mucha diferencia entre la realidad y la ficción. Además, practica bastante deporte. Fue entrenador de fútbol de tercera división y actualmente está enganchado al pádel. En definitiva, que mucho tiempo libre no tiene y yo se lo estaba robando. Cuando le pregunté si podría asumir parte del guion de Aguayo me sentía un malvado. Pero una vez más, Daniel me salvó y respondió que sí. De pronto caían sobre sus espaldas un buen montón de líneas más. Ya no es que tuviera poco tiempo para prepararlas, es que no tenía nada. Hay que tener en cuenta que mientras grabábamos unas escenas yo reescribía otras. Prácticamente le entregaba el texto uno o dos días antes de grabarlo. Muchas veces tenía que aprendérselo diez minutos antes de empezar a filmar. Mientras yo montaba las luces y la cámara él sacaba su móvil y estudiaba a toda velocidad. Sinceramente, una locura. No creo que puedan encontrarse muchas personas con su capacidad de trabajo. Más de una vez le pregunté si aguantaría hasta el final y él siempre me respondía que se había comprometido y que lo haría. Y así fue.

Solo por todo el esfuerzo que hizo, Daniel tendría que estar orgulloso de sí mismo, pero tiene más motivos para estarlo. Es todo un actor. Entendía todo lo que le pedía a la primera y era capaz de interpretarlo. En una escena le dije que debía sonar sincero al otro personaje pero el espectador tenía que notar que mentía. “¿Cómo hago eso?”, me preguntó. Yo puse cara de póquer porque no tenía ni idea de cómo hacerlo, pero él lo logró. Es solo un ejemplo. Podría decir muchos más, pero no quiero avergonzarlo a él ni aburrir al lector. Solo añadiré una cosa más: ¡Gracias de todo corazón, Daniel!
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.